La historia jamás contada de las medias

Su nombre completo sería el de medias calzas pues las antiguas calzas cubrían desde la cintura hasta los pies, y las medias solamente la mitad que las calzas.

La misma raíz calc- está presente en calceus, nombre latino de la prenda de vestir que se ajustaba al pie y que, dado que los romanos no usaban calcetines, era el zapato; éste es el origen de palabras tan frecuentes como calzado, calzar, calzador y descalzar. Cuando los romanos adoptaron de los pueblos germánicos el uso de las medias, las denominaron con un derivado de calceus: calcea (calzas). Durante la Edad Media, las calzas se fueron llevando cada vez más largas, hasta cubrir desde los pies hasta la cintura. Hasta el siglo XV sólo los hombres usaban calzas o medias; las mujeres al llevar vestidos, utilizaban el zapato con la pierna y los pies descubiertos.

Cuando, en el siglo XVI, esta prenda se dividió en dos partes, la superior, que cubría el abdomen y parte de los muslos, fue introducida en la vestimenta femenina; recibió en castellano el nombre de calzas o calzones (hoy, menguado su tamaño, los llamamos calzoncillos); la parte inferior se llamó calcetas o medias calzas. Las calcetas han ido reduciendo su tamaño hasta los actuales calcetines, que apenas llegan a la pantorrilla; las medias calzas, en cambio, abreviado ya su nombre a medias y restringido su uso al sexo femenino, siguen cubriendo por encima de la rodilla.

Una de las muchas leyendas que se cuentan de la reina Isabel de Castilla se refiere al regalo que le llevó el embajador de Francia: un precioso par de calzas de seda bordadas. Inmediatamente estalló el escándalo en la corte. ¿Cómo el embajador podía aludir de un modo tan grosero a la intimidad de la católica soberana? No tenemos ninguna duda de que el regalo sería devuelto con desdén.
Las piernas no existían, literalmente hablando. Al menos es lo que se desprende de otra anécdota ya de época mucho más reciente. Cuando a otra reina Isabel (II), le fueron ofrecidas unas calzas, el indignado comentario del jefe de la Casa Real fue: “¡Las reinas no tienen piernas!”

Pero sí tenían, y a muchas les gustaba adornarlas con empaque real. Consta que otra Isabel más, la I de Inglaterra, agradeció mucho a lady Montagu el regalo del primer par de medias fabricadas en un telar, proclamando que le hubiera gustado usar siempre medias como éstas, tubulares, muy adherentes y que tan bien modelaban la pantorrilla. Pero aunque a través de los siglos las mujeres usaron medias más o menos finas y caras según la moda, éstas permanecían ocultas por la longitud de las faldas, y la mayor atención era dedicada a los zapatos. Pero los bordados de las medias de estas épocas demuestran que maridos, amantes y favoritos recibían cumplida atención.

Antiguamente las medias finas se tejían con seda. Pero de pronto, la guerra introduce un nuevo contratiempo: en 1941 el gobierno británico prohíbe el uso y la venta de las medias de seda. Miles de personas se quedaron sin chamba, y el glamour y la transgresión de los años 20 ya no tenían razón de ser. Para la mujer, se impuso un estilo de vestir más liviano. El largo de los vestidos y las faldas cayó hasta los tobillos.
Pearl Harbour había cortado el suministro de seda japonesa, y la poca existente debía ser utilizada con fines bélicos, desde los paracaídas a determinados vestidos para las tropas que debían operar en climas nevados. En Europa, las piernas de las mujeres quedan a la vista hasta la misma rodilla, sobre aquellos zapatos casi ortopédicos de suela altísima (los topolinos), y los púlpitos empiezan a tronar contra tantos acortamientos. El Papa arremete contra los “vestidos exiguos quo que están hechos de tal modo que ponen de relieve lo que deberían ocultar”. Pero la escasez se deja sentir también. A falta de medias, buenas son pinturas con un pigmento más o menos ocre. Lo más difícil, la falsa costura, debía ser hecha por una amiga. Hay que ver lo que puede el ingenio.
En 1935, el químico norteamericano Wallace Carothers* inventó el nylon, al que definió como “una nueva seda hecha con fibra sintética”, sin saber que estaba por revolucionar el mundo de la moda. Hacia 1938, ya se anunciaba la llegada de unas nuevas medias resistentes, que no se romperían ni necesitarían costura adicional. Las consumidoras, reprimidas por la crisis, andaban ansiosas pues la silueta femenina clamaba por emerger. Finalmente, el 15 de mayo de 1940 pasó a la historia como “El Día N”, al ser el primer día de ventas de las flamantes medias de nylon, que fueron un boom instantáneo: las mujeres enloquecieron por esta prenda y unos 5 millones de pares fueron vendidos en apenas cuatro días en los grandes almacenes de Estados Unidos.

“Más fuertes que el acero”, advertía el anuncio sobre este accesorio, que estaba por propiciar una nueva imagen para el inconsciente colectivo: las también llamadas ‘medias de cristal’ –gracias a su transparencia– envuelven las torneadas piernas que asoman cuando la puerta de un auto se abre, marcando prácticamente el devenir de la publicidad automotriz hasta el día de hoy. Y es que la siguiente lógica de marketing es implacable: si un varón tiene el auto que merece, también tiene la mujer que merece. Una mujer de buenas piernas, por supuesto. Ya lo decía el cineasta Preston Sturges: es preferible un buen par de piernas antes que un par de brazos.

Pero al cortarse el suministro de la seda de Japón en la Primera Guerra Mundial, se extendió el uso de medias de naylon.  Las medias hechas con esa fibra sintética llegaron a Europa con los soldados estadounidenses, y marcaron una nueva época: las medias se rompían menos, y aquellas torturas para coger los puntos soltados, que exigían una habilidad insólita pese a la ayuda de lupas, empezaron a ir en retroceso simplemente porque el precio había bajado y salía más a cuenta comprar un nuevo par.
Las medias de nylon tampoco duraron mucho, ya que en la Segunda Guerra Mundial la producción de naylon se destinó a hacer paracaídas. Cuánto les deben las pantys, las portaligas, los leggins, la lycra, la minifalda, etc., a las medias de nylon. El éxito de esta prenda radicó, en buena parte, en que sus creadores tuvieron el olfato de seguir las tendencias de los tiempos, pues en el arte, aun antes de la invención del nylon, el atrevimiento no bajaba en intensidad. Así, en el filme “El Ángel Azul” (1930), la actriz Marlene Dietrich escandalizó a la sociedad al interpretar a Lola Lola, una cabaretera que no duda en exhibir sus portentosas piernas apenas cubiertas por unas medias. Era como si Dietrich, quien supuestamente mantuvo una relación lésbica con Greta Garbo, proclamara la liberación sexual desde la pantalla.

Al restituirse la fabricación de medias las mujeres se abalanzaron para conseguirlas, cuatro millones de medias se vendieron en pocos días. En 1956 nacen las medias sin costura, que son acogidas con satisfacción: son más cómodas y prácticas, y liberan de la permanente tendencia de aquélla a torcerse. De todos modos, estas innovaciones no siempre son bien acogidas, especialmente por los caballeros, que recuerdan el placer visual de una señora que se inclina para estirarse las medias o para detener, con un dedo humedecido en saliva, la carrera que sube o baja por la pierna. En 1951, comenzaron a elaborarlas con un diseño anatómico, para que se adecuaran a la forma del pie y evitaran causar arrugas. Luego las ligas dejaron de ser imprescindibles cuando apareció la banda de siliconas, otro invento sensación que mantiene a las medias de nylon sujetadas a los muslos, y que potenció la carga erótica de las piezas.

A fines de los 50 llegan los leotardos, de momento para niño. Pero pronto las mujeres se apropiarán de ellos. Ese invento, convenientemente estilizado, acabará en los hoy omnipresentes pantys.
En los 60 una jovencísima diseñadora, Mary Quant, lanza la audaz minifalda, que rápidamente obtiene un éxito arrollador. Las piernas, los muslos, saltan al aire. La minifalda es sustituida brevemente por las bermudas y los hot pants, que requerían como aquéllas, medias hasta la cintura. Es el momento del panty elástico, a menudo de color y adornado con los motivos más ingeniosos.

En los años 70, ¡ay!, un triste acontecimiento: empiezan a triunfar masivamente los pantalones. La mujer los lleva cada vez más a gusto, y la moda es tan arrolladora que durante unos años las piernas femeninas desaparecen de la vista. ¡Son tan cómodos! No hay que preocuparse por la depilación, ni por las carreras, ni por el viento, ni por nada. De paso, así las medias duran mucho más y sus fabricantes empiezan a preocuparse. Tampoco los varones no se sienten a gusto. La consigna es clara: ¡Hay que fomentar la vuelta a la falda!

El liguero es la prenda sexy por excelencia, la preferida por los hombres, pero tiene serios inconvenientes en cuanto a la comodidad: se desajustan, a veces se sueltan e intentar correr con ellos puestos puede ser todo un drama. Odian el panty: “Armadura medieval, coraza antiestética, incomodísimo para cualquier incursión un poco audaz”; así se manifiestan en una encuesta realizada por la revista Donna en 1983, al par que suspiran por el binomio liguero-medias, que los más jóvenes, por desgracia, ya no conocen.

Y la media tradicional vuelve por fin. Pero ya nunca será como antes: convive con el panty. Con todo, la variedad puede compensar esta pérdida. Las medias son lisas, de colores, con dibujos, permiten todos los caprichos del diseñador. Aparecen mil tipos de ligueros. Las ligas, también recuperadas, son de variados colores, con predominio del rojo, y recuperan el carácter simbólico de que ya gozaban en la Edad Media, cuando aquel rey emitió la célebre frase “Honni soit qui mal y pense” al devolver a una dama la liga que se le había caído danzando.

De pronto, en los años 80, la media se oscurece, y en ese color, cuando no totalmente negra, triunfa en toda la línea, recordando la España del Siglo de Oro. Pronto El Corte Inglés y demás fabricantes intentarán destronarlas (¡hay que variar, hay que comprar cosas nuevas!). Pero la media negra resiste años y años de este acoso comercial, y entramos en el siglo XXI sin que nada enturbie su reinado.

Es interesante preguntarse el por qué de esta fidelidad femenina al negro (que tampoco disgusta del todo a los hombres). Sociólogos de enjundia se han sumergido en el estudio, y las conclusiones varían: desde quien piensa que simplemente adelgaza hasta quien supone que proporciona una relativa seguridad a la mujer que se olvida así de estar exhibiendo sus piernas. Sea como sea, la media oscura permanece y no parece que en fecha próxima vaya a ser desterrada.

En los 50 Wolford elabora las medias sin costura. Aunque hoy en día se siguen fabricando algunos modelos con costura, por motivos estéticos.

Tipos

Actualmente, gracias a la tecnología hay mucha variedad de modelos y precios. Hay medias de todos los grosores, colores y estampados. Algunos tipos son:

– Medias de rejilla o de red: Son medias que en vez de un tejido uniforme son una especie de red. Aparte de la forma romboidal, hay otras como la hexagonal y otras más complejas.
– Medias con costura: Actualmente las medias no suelen llevar costura, pero algunos modelos sí lo llevan por motivos estéticos.
– Medias cubanas: Son las medias con costura y refuerzo en la planta.
– Medias caladas: Son las medias con dibujos de calas.
– Medias de verano: Medias que dan menos calor, para el verano.

– Medias térmicas: Medias que dan más calor, para el invierno.
– Minimedias: Son medias del tamaño de un calcetín. Se suelen usar con pantalones.
– Medias antiembolias: Para prevenir la formación de émbolos y trombos-Prevención de Trombosis Venosa Profunda especialmente en los pacientes que han sido sometidos a cirugía o en aquellos que se hallan encamados o si el paciente presenta un alto riesgo de tromboembolismo venoso. Medias antiembolia facilitan el flujo de retorno de la circulación venosa, evitando la estasis venosa y la dilatación de las venas, circunstancias que predisponen a la formación de varicosidades y al desarrollo de trastornos tromboembólicos.
– Medias con autosujección: Son medias que no necesitan liguero. Actualmente se suele utilizar una tira de silicona para mejorar la sujeción. También se denominan Medias de liga o medias autosujetables.
– Medias de encajes: Supersexis.
– Pantimedias: Cubren toda la pierna hasta la cintura. Algunas pantimedias simulan un liguero y una par de medias en una sola pieza; son tan cómodos como las pantimedias y tienen la sensualidad del liguero.
– Leotardo o Mallas: Son como unas pantimedias pero de tejido más grueso. Adecuadas para el frío. Son habituales en las niñas.
– Algunas medias se combinan con un body en una pieza. Esta prendas se las suele llamar Bodystocking.
* Wallace Hume Carothers es considerado el padre de la ciencia de los polímeros fabricados por el hombre y el responsable de la invención del Nylon y el Neopreno.

A pesar de una sorprendente carrera profesional, en la que obtuvo más de cincuenta patentes, el brillante químico, inventor y académico fue un hombre atormentado.

Carothers nació en 1896 en el estado de Iowa, Estados Unidos. Primero estudio Contabilidad y, mientras daba clases en esa carrera, realizó sus estudios en Ciencias, obteniendo los grados de Maestría y Doctorado en la Universidad de Illinois.

Más tarde, fue profesor en la prestigiosa Universidad de Harvard, donde inició sus investigaciones sobre las estructuras químicas de los polímeros.

Éstos son sustancias naturales o sintéticas compuestas de grandes moléculas llamadas macromoléculas. Los polímeros forman muchos de los materiales de organismos vivos, incluyendo proteínas, celulosa, caucho natural y seda, entre otros.

Los polímeros sintetizados en el laboratorio, mediante sofisticados procedimientos químicos, han llevado al desarrollo de importantes productos comerciales como plásticos y fibras sintéticas.

En 1928, la compañía química DuPont abrió un laboratorio para el desarrollo de materiales artificiales y Carothers dejó Harvard para encabezar su división de investigación. Él y su equipo fueron los primeros en investigar la familia química de los acetilenos.

El acetileno es un gas incoloro, explosivo al contacto con el aire, que se almacena disuelto en acetona y es usado para hacer plásticos, resinas y Neopreno, un caucho sintético creado en el laboratorio de Carothers, que se utiliza, por ejemplo, en la fabricación de trajes térmicos para los buzos y astronautas.

En 1931, la DuPont empezó a fabricar el Neopreno y el equipo de investigación se dedicó a desarrollar una fibra que pudiera reemplazar a la seda. Japón era el principal proveedor de seda de los Estados Unidos y las relaciones comerciales entre ambos países se estaban desmoronando.

Después de complicados procesos químicos de polimerización, Carothers logró producir una nueva fibra, el Nylon. Se trata de un material termoplástico que es elástico, resistente a la abrasión química y con baja absorción de humedad.

La revista de negocios “Fortune” publicó como noticia destacada que se trataba de una forma completamente nueva de materia y la primera fibra sintética hecha por el hombre. Señaló que en más de cuatro mil años, los textiles habían tenido muy pocos desarrollos importantes, aparte de la producción en masa; mencionó los teñidos sintéticos y el rayón.

En 1936, Wallace Carothers se casó con Helen Sweetman, una compañera de la DuPont. Tuvieron una hija pero, trágicamente, Carothers se suicidó antes del nacimiento de la bebé.

Aparentemente, el científico estaba enfermo; era maníaco-depresivo y la reciente muerte de su hermana había aumentado su depresión.

Un colega investigador había observado a Carothers cargando una ración de veneno y lo había escuchado recitar de memoria la lista de todos los químicos famosos que habían cometido suicidio.

En abril de 1937, dos días después de cumplir 41 años, Wallace Hume Carothers se tomó ese veneno y agregó su propio nombre a la lista.

Su muerte conmovió al mundo científico y a la industria química. En especial, la Compañía DuPont sufrió la pérdida de uno de sus más brillantes colaboradores, cuya memoria ha seguido honrando, mediante la difusión de sus trabajos de investigación entre jóvenes estudiantes de ciencia y dándole siempre el crédito que le corresponde por sus valiosos descubrimientos.

El Nylon, apodado “la fibra milagrosa”, fue presentado al mundo al año siguiente. La DuPont describió su nueva fibra como “tan fuerte como el acero, tan fina como una telaraña” y comenzó a producirla comercialmente en 1939.

Sus primeros usos incluyeron tela para paracaídas, hilo de pescar, suturas quirúrgicas y cerdas para cepillos dentales. El Nylon debutó en el cine ese mismo año, cuando se usó para crear el tornado que arrastra a “Dorothy” a la Ciudad Esmeralda, en la famosa película “El Mago de Oz”.

Sin embargo, su producto más exitoso fueron las medias de Nylon, introducidas en la Feria Mundial de Nueva York y aclamadas como la mayor innovación en la moda femenina del Siglo XX.

Las mujeres apenas pudieron probar la belleza y durabilidad de sus primeras medias de Nylon, cuando Estados Unidos entró a la II Guerra Mundial y el gobierno destinó toda la producción de Nylon para uso militar.

Las medias, que costaban poco más de un dólar antes de la guerra, se conseguían en el mercado negro por diez dólares. Estrellas de cine como Betty Grable llegaron a subastar medias de Nylon hasta en 40,000 dólares, en eventos para recaudar fondos para la guerra.

Durante el conflicto bélico, el Nylon reemplazó a la seda asiática en la fabricación de paracaídas, pero también se usó en llantas, tiendas de campaña, cuerdas, mantas y otros pertrechos militares. Inclusive se utilizó para la producción de un papel especial utilizado en los billetes de dólares.

Es posible que usted recuerde o haya escuchado que, en esa época, las mujeres que no podían conseguir las medias se las ingeniaban para pintarse una costura falsa en las piernas, simulando que las usaban. Esto también ocurrió en nuestro país, ya que México participó en la II Guerra Mundial y había escasez de muchos productos.

Al terminar la guerra y reiniciarse la fabricación de medias, las mujeres verdaderamente se las arrebataban en las tiendas. La mayor parte de la producción de Nylon se destinó a satisfacer la enorme demanda del producto, pero después se utilizó también en alfombras, tapetes y vestiduras de autos.

Por cierto, se escribe nylon porque las primeras dos letras son las iniciales de Nueva York.

Fuentes

La calza nella storia

Generalmente si tende a pensare che le origini della calza siano piuttosto recenti. In realtà, nel momento in cui il corpo ha iniziato ad essere vestito anche le gambe sono state coperte: nelle tombe dei faraoni egizi sono stati ritrovati frammenti di calze lavorate a maglia, ad esempio, mentre degli antichi Romani si sa che avvolgevano le gambe con fasce di tela o lana. Certo è che la nascita della calza – così come viene intesa nell’eccezione moderna – risale al Medioevo, quando la seta cominciò ad essere lavorata proprio per realizzare questo tipo di indumento. A indossarle però, come nei secoli precedenti, erano esclusivamente gli uomini, ma nel momento in cui alle donne fu concesso di mostrare le gambe, le calze iniziarono a trovarsi un posticino fra i loro capi di vestiario, sino a diventare – nelle versioni velate in seta – simbolo del lusso. Un lusso destinato ovviamente a poche donne. Sino a quando negli Anni Venti, con l’invenzione del rayon – ribattezzato “seta artificiale” – le calze relativamente velate diventarono accessibili ad una piu larga fascia della popolazione. Si trattava di calze prodotte col sistema della maglia sagomata e cucita.

1938 E’ la rivoluzione

Ma bisogna aspettare la fine degli Anni Trenta per assistere ad una vera e propria rivoluzione. Rivoluzione alla quale certo non pensava il francese studioso di chimica Eleuthère Irènèe DuPont de Nemours, quando – immigrato nello stato americano del Delaware – nel 1802 aprì un impianto per la produzione di polvere nera. Proprio da quella piccola azienda di tipo familiare nel 1938 uscì il nylon inventato da Wallace H. Carothers, la prima fibra sintetica che veniva definita “resistente come l’acciaio e delicata come una ragnatela”. L’anno successivo le calze di nylon iniziarono ad essere vendute in pochi negozi di Wilmington, il centro in cui aveva sede la DuPont de Nemours. Ma dal momento che per acquistarle donne e uomini arrivavano persino da New York, la distribuzione fu avviata subito in tutto il Paese americano, sino a raggiungere – dopo il primo anno – la quota di 64.000.000 di paia vendute. Nel 1940 con l’inizio della seconda guerra mondiale, la produzione di calze in nylon nei titoli più fini venne interrotta e le donne finivano col disegnarsi sulle gambe quella cucitura posteriore che caratterizzava le loro amatissime compagne quotidiane.Terminato il conflitto, riapparvero in tutta la loro desiderabilità. E fu subito un delirio: davanti ai negozi si formavano lunghe code di donne (come pure di uomini “incaricati” all’acquisto) e, fra di esse, non mancò nemmeno qualche lite furiosa per I’accaparramento.

Con la minigonna arriva il collant

Gli Anni Cinquanta portano con sé una nuova rivoluzione che si espande subito negli Stati Uniti e in Europa, quella delle calze senza cucitura, le quali si arricchiscono di altre velature e nuovi colori, mentre i progressi tecnologici rendono il nylon meno costoso e, dunque, più accessibile. Con gli anni Sessanta arriva la seconda rivoluzione nei mondo della calzetteria: è ancora una volta firmata DuPont. Il colosso americano lancia sul mercato il suo elastam Lycra. Inizialmente la fibra viene utilizzata nelle calze medicali, ma quando nella prima metà del’65 André Courrèges e Mary Quant lanciano la minigonna, il collant si fà strada, portando con se una migliore vestibilità. E il collant coprente s’impone come nuovo argomento di moda, frutto dell’incontro fra la tecnologia della maglia su circolare con i nuovi filati di nylon testurizzato. Nei periodi successivi tecnica e moda continuano a procedere di pari passo, ravvivando la scena del mercato con l’ avvento di calze e collant in pizzo negli Anni Settanta, imponendo i velati eleganti dall’ aspetto setoso negli Anni Ottanta e culminando nella ricerca deI massimo comfort degli Anni Novanta. Ai posteri, ma anche a noi, la storia del Terzo Millennio.

ANNI ’80 E’ L’EPOCA DELLE AUTOREGGENTI

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Dalle calze ai collant…e dai collant alle autoreggenti. Come abbiamo letto prima , i collant degli anni ’60 in poi prendono il sopravvento sulle giarrettiere e i reggicalze, proponendosi come una calza più comoda da indossare e portare. Un nuovo modo di concepire la calza e di conseguenza di concepire la donna, che si sente più coperta, più protetta, più indipendente nel modo di porsi e vestirsi. Vedi, infatti, la moda dilagante della minigonna che prende piede in parallelo al collant.

Per trovare sul mercato le autoreggenti bisognerà aspettare la finedegli anni ’80. Siamo nel 1987 quando questo tipo di calze viene rilanciato dalle principali case produttrici. Si tratta di calze in nylon lunghe fino alla coscia che terminano con una fascia, elasticizzata prima e siliconata poi, denominata balza, che permette alla calza di star su da sola. Prima di questa data si trovavano calze in nylon terminanti con elastico o si usava arrotolare le calze intorno alla coscia per evitare di usare il reggicalze, ma ancora il concetto di autoreggente non era diffuso. E’ solo con l’avvento degli anni Novanta che le autoreggenti hanno lentamente conquistato il mercato, e sebbene si tratti ancora di una minoranza, aumenta costantemente il numero di donne che afferma di preferirle, tra i vari tipi di calze disponibili sul mercato.

Da questo momento in poi per le autoreggenti è una continua crescita, si impongono su moda e mercato e propongono il ritorno di un’immagine più sexy della donna. Arrivano le autoreggenti con la riga, o forse è meglio dire ritornano, visto che la calza con la riga è sempre stato un must della moda degli anni Trenta e Quaranta. La balza da semplice fascia elastica tende ad arricchirsi con pizzi, motivi floreali, ricami o fantasie geometriche. Le aziende propongono calze autoreggenti a fantasia – per offrire sempre nuovi modelli, come per i collant – e dare più scelta alle affezionate del genere.

La donna si riveste di nuova sensualità, e di un potere erotico diverso, autonomo e voluto, proponendo l’auotreggente sotto gonne e pantaloni. Grazie all’autoreggente negli ultimi anni c’è stato un ritorno verso la calza, quella semplice, liscia e/o con la riga, da reggicalze, ricercata da una donna che guarda al passato con un occhio nostalgico, regalando un pizzico di eros che rompe gli schemi della contemporaneità e si arricchisce di un sapore retrò, molto gradito a gli uomini.

Maggiori informazioni http://www.centrocalza.it/la-storia-della-calza/

The History of Hosiery 

Nylons and tights weren’t invented until the 20th century but their origins can be traced back many centuries. Ancient Greek slaves used to wear a form of hosiery, the Romans wore a short sock (or soccus) around the home and cotton or silk socks were worn in China and Japan for hundreds of years.  

The early development of hosiery in the UK was closely linked to men’s fashions at court, where short doublets replaced long robes in Tudor times. In Henry VIII’s reign, doublets were worn with fine knitted silk stockings (known as hose) imported from Spain, held up by garters just above the knee. By the time Elizabeth I took to the throne, the knowledge of how to knit stockings by hand had spread into many parts of England and become an important industry. 

The first knitting machine

An English clergyman, William Lee of Nottinghamshire, invented the first knitting machine in 1589. Apparently Queen Elizabeth was none too impressed with William’s first knitting frame, which produced a long piece of woollen fabric that was then sewn together to create a rather coarse, seamed stocking. He went on to refine his invention until it was capable of knitting a finer gauge fabric for the gentlemen of the day. 

Men continued to wear fine silk stockings until the end of the 18th century, when long trousers became fashionable, with socks underneath. It wasn’t until Victorian values started to relax a little that fashionable hosiery for women began to be seen.

A glimpse of stocking…

“In olden days, a glimpse of stocking
Was looked on as something shocking.
Now heaven knows, 
Anything Goes!”

When Cole Porter’s hit musical ‘Anything Goes’ made its Broadway debut in 1934, women’s fashions were indeed changing. Hemlines were on the up, it was becoming socially acceptable for ladies to show their legs and the sale of fashion stockings rose dramatically as new, synthetic fibres replaced cotton and costly silk.

In 1911-1912, a new yarn called rayon or artificial silk had been invented. Although much cheaper than real silk, it was prone to sagging and an alternative was needed. One of the first women in stand-up comedy, Phyllis Dillon said, “Women want men, career, money, children, friends, luxury, comfort, independence, freedom, respect, love and cheap stockings that don’t run”.

The Nylon revolution!

Phyllis’ wish for cheap, good quality stockings was granted in the 1930’s with the invention of a revolutionary synthetic fibre known rather unromantically as ‘Polymer 6.6’. Declared ‘as strong as steel, as fine as spiders web’ by its inventors Du Pont, this miraculous, wrinkle-free, inexpensive fibre created something of a frenzy when it premiered at the New York World Fair in 1939. It also acquired the more user-friendly name of ‘nylon’, the NY from New York providing the first two letters.

Nylon stockings hit the streets of America on 15th May 1940 and millions of women rushed out to buy them. 4 million pairs were sold in the US in the first year alone! Nearly 2 years later nylon stockings suddenly disappeared as the US entered World War II. The War Production Board took over stocks of nylon and silk to make essential supplies such as parachutes, ropes and tyres. Nylon stockings that had been selling for $1.25 now fetched $10 a pair on the Black Market, forcing fashion-conscious girls to stain their legs brown and draw seams up the back to emulate the real thing. American G.I.’s who were lucky enough to have supplies of nylon stockings were very popular with the British ladies!

When the war ended in 1945, demand for nylon stockings soared once again. These were ‘fully fashioned’ stockings, knitted flat with the 2 sides sewn together by hand to create a fine seam up the back. Because nylon has no stretch they were available in a wide range of half sizes, fashioned to the shape of the leg for a perfect fit.

The advent of Lycra

In 1959 the hosiery industry entered a new era when Du Pont invented strong, ultra-stretchy Lycra. Now women had the beautifully fitting, comfortable stockings they wanted – no more baggy ankles or knees. Fully fashioned stockings started to disappear and so too did seams as manufacturers moved away from flat knitting to circular or tube knitting, eliminating the need for the back seam.

The swinging 60’s

The mid 1960’s witnessed another hosiery revolution, sparked off by the arrival of the mini-skirt. It was difficult to avoid a glimpse of stocking tops under such a short skirt so tights – or pantyhose as they were known – were the practical solution! With their attractive patterns, bold colours and fancy finishes, tights rapidly gained 70% of the market and for a time, nylon stockings practically disappeared.

Disco Dollies by Philip Townsend

Modern hosiery

Today, stockings are once again making the fashion headlines as hosiery manufacturers team up with cutting-edge designers to create a wonderful range of new designs and styles. Classic seamed stockings are back on the market – the finishing touch to a beautiful vintage outfit and a ‘must’ for every hosiery drawer. 

Tights too are more than just an accessory but a fashion statement in their own right. If you’re looking for affordable ways to update your wardrobe, simply add a few pairs of fashion tights for an instant make-over! Featuring elaborate designs, jewel-bright colours, cool prints and even ‘trompe l’oeil’ illusory suspender belts and lace insets – Cole Porter would be amazed to see to what extent ‘anything goes’ in hosiery!

¿CÓMO ELEGIR LAS MEDIAS?

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Cuentan los historiadores que, en el S. V a.C, las medias ya las utilizaban los escitas –nómadas domadores de caballos– y que el emperador Octavio Augusto llevaba una especie de medias para protegerse del frío. Desde entonces, las medias han pasado siglos de luces y de sombras. Hasta el día de hoy, en el que el panty es ese accesorio de la moda que consigue llamar la atención en las piernas de la mujer, como un complemento de la moda misterioso y seductor. Con la colaboración de Claudio Gazzotti, fundador de Hyd, conocemos otros muchos secretos de esta prenda tan femenina.
Por Rosario Santa María, redactora de belleza y directora de www.losvecinosdemareva.com.

 

– ¿Qué tipo de medias suelen llevar las mujeres españolas?

 Hay de todo, desde las más sobrias, hasta la que pagan verdaderas fortunas  por un buen par de medias y se ponen medias más atrevidas, y esta diversidad se refleja por zona geográfica.

 

– ¿Es elegante no llevar medias?

 Yo creo que una mujer elegante siempre debe de llevar medias. Además, ayudan a tener mejores piernas –porque las estilizan– y son un complemento muy importante a la hora de vestir.

– ¿Qué medias están de moda y cuáles no?

El 60 por ciento de las medias que se venden son de color negro y se siguen llevando las medias negras mate. Las medias con brillo se compran más como complemento moda.

– ¿Recomendaría una media negra con un vestido de cóctel también negro?

Sí, pero que sea una media negra no tupida y con una costura vertical más oscura detrás, estilo años sesenta, que estiliza la pierna y resulta muy favorecedora. Incluso unas medias de color natural con esa línea vertical negra detrás son espectaculares. Y acompañaría el vestido con un buen zapato de tacón y un bolso pequeño.

– ¿Está de moda llevar la media del mismo color que el vestido?

No. Las medias han de contrastar con el calzado y la ropa; al igual que la corbata masculina contrasta con los colores del traje y de la camisa. Por eso, creo que hay que atreverse con colores vivos, como el rojo, el esmeralda, el dorado…

 

– ¿Qué media lleva ahora la novia con su vestido?

 Ahora está de moda la media bicolor: llevar la blonda en blanco o marfil y, el resto de la media, en color carne. Porque se ha visto que la media completamente blanca hace la pierna demasiado ancha.

– ¿Se siguen llevando las medias de color carne?

Sí, pero hay que tener en cuenta que hay entre diez y doce colores naturales, porque hay mil tipos de piel. Según tu tono, puedes elegir un color u otro, como el caramello (que es natural, pero tirando a rosa) o el sabbia, por ejemplo (que es natural, pero tirando a marron). Lo importante es conseguir que la pierna tenga un color uniforme.

 

– ¿Cuál es la última novedad en la fabricación de medias?

La sublimación, que es una técnica de impresión que permite transferir al panty todo tipo de diseño.

– ¿Cuál es el futuro de los tejidos de las medias?

El 90 por ciento de un panty es su tecnología. Es muy importante cuidar al máximo todo el proceso de selección de las materias primas, la calidad de acabado, la innovación en el diseño.

Durante todo el proceso utilizar materias primas europeas de primera calidad que se haya comprobado que son totalmente eco-sostenibles. El Made in Europa todavia es un plus importante.  Ahora se están utilizando hilos que tienen una óptica extraordinariamente regular, efecto (sin sombras, ni rallas…). También hay medias con  fibras muy innovadoras con minerales.

 

– Supongo que también es importante el cuidado a la hora de lavarlas, secarlas…

Yo siempre recomiendo lavar a mano las medias, con jabón suave y a una temperatura de menos de 30ºC. También hay que saber que, cuanto más gruesa es la media, lógicamente, durará más tiempo. Por último, recomiendo guardar el envase del producto.

– ¿Por qué recomienda guardar la caja de las medias?

Para que la mujer pueda acordarse de cómo eran aquellas medias que tanto le gustaron.

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